El arte de la excelencia es una filosofía pragmática. No es un estado de gracia al que se llega, sino una forma de proceder. Requiere la humildad de saber que siempre se puede mejorar y la arrogancia suficiente para creer que uno es capaz de superar los estándares actuales. En un mundo dominado por la rapidez y la obsolescencia, la excelencia se convierte en el único activo durable. Ya sea en la redacción de un documento, en la codificación de un software o en la gestión de un equipo, el arte de la excelencia es la decisión consciente de negarse a aceptar lo "estándar" cuando lo "superior" es posible.